8.11.12

el día después

foto: o escracho do regaço

como una fuerte resaca, pero sin alcohol. como si le hubiera pasado a otra persona, no a mí, a ninguna de mis anas. lo de anoche fue, cómo fue? fuerte, para empezar con alguna palabra.
el cielo se vino abajo minutos antes de salir a escena, qué había en escena? nada, había que arreglar el escenario, acomodar las cajas redondas, llenas de tapitas y basura de playa; el banquito de mi abuela con la campera dorada reversible, de mc anitcha; la lámpara de loto, que demoró horas en enchufarse. y yo ya había sido anunciada.

confiá en mí, me dijo el sonidista, y me encajó un headphone, un micrófono como el que usa madonna o britney spears, pero de pésima calidad, a mí, que iba a "jogarme" -esa palabra tiene que ir en portugués, porque es más acertada, jogarse es lanzarse, pero diferente, para mí se mezcla con jugarse, por eso me gusta más- por primera vez en el picadero del circo vodor. y ahí fui, resguardada por mis cadenas de fuego y el batuque de los tambores que hicieron enloquecer a todos los que allí estaban, para ver el espectáculo o para resguardarse de la lluvia pesada.

el fuego dejó su estela, una buena humadera y el ambiente caldeado para la entrada de chacal, con su máscara diabólica y trechos de su poema Lúcifer.

es difícil dominar un micrófono desconocido, que no se agarra con la mano. agarrar el micrófono con la mano es una de las cosas que más me gusta en toda esta historia de hablar con volumen aumentado. es poderoso y fálico. y es como tener un cigarrillo, resuelve el qué hacer con las manos. me faltaba mi bastón y me sobraban manos. mi voz salió indómita, a veces demasiado fuerte, a veces imperceptible.

la segunda entrada, todavía con ese traje de Iansá-odalisca, rojo, lleno de cadenas doradas y plateadas y una falda de gladiadora hecha con el fondo de latas de aluminio que había juntado en un hostel, fue tibia en comparación a esos malabares de fuego. quedé vulnerable, igual a mi vestuario: un short negro y una camiseta del mismo color, después de sacarme toda esa armadura de encima mientras recitaba un poema que se llama "exorcismo" y expulsa al capeta -diablo en lunfardo portugués-.

el tercer episodio tardó por problemas de vestuario y asistencia, el collar de basura estaba todo enroscado, fue una odisea pasarlo por la cabeza, con ese micrófono de estrella tercermundista -me salvó alua, mi amiga paulista y música que vino especialmente para improvisar con sus instrumentos: un afinador de guitarra y una pandereta desafinada porque se quebró en viaje-. el gorro peruano quedó mal colocado y la baguala, que había sido ovacionada en el cep 20.000 se me hizo eterna, recitada con una voz baja y tímida, sin saber si me escuchaban, o si estaba demasiado fuerte, porque no tenía ningún retorno de mi propia voz.

vino la altinha, ese juego de pelota que aprendí en la playa, me acompañaron marcelo y antonio, dos amigos que conocí así, jugando altinha en ipanema. los dos de sunga, los tres jugando en pleno circo como si fuera la playa, con una platea repleta alrededor. era divertido verlos a contraluz, casi desnudos, "a vontade", como en casa.

el silbato que marcaba el fin del juego no sonó y la foto de los guardas municipales tampoco entró a tiempo. dirigir cuando se está actuando es algo que no se puede hacer, todo ya estaba a destiempo, por atraso o porque me apuré y me vestí de mc anitcha antes de presentarla, tuve que resolverlo con una vueltita de esas de niño, que magicamente al volver al punto de inicio del giro, es otro.

canté el hip hop sin escuchar la base, que estaba tan baja como mi voz en ese micrófono que es más para conferencias que para presentaciones circences-teatrales-musicales. los 4 minutos y 18 segundos fueron mi mayor hazaña. creo que nadie escuchó nada.

aplausos, sí, hubo. pero lo que más hubo fue aprendizaje, para lanzarse a un circo hay que hacer prueba de sonido, de video y por lo menos un par de ensayos grupales. corrí el riesgo de ser comida por los leones, pero para mi suerte, allí solo había gente con ganas de divertirse y alguna que otra arengadora-estrella con ganas de hacer su número dentro del número de otro. Chacal, mi estimado y admirado profesor de poesía, uno de los creadores del circo voador, que se presentó después de mí, tuvo que aguantarse una abucheada histérica por cuestiones políticas. no era para menos, habíamos invocado el lado de la sombra, y la sombra se hizo presente, en un país enérgico y como brasil,  en un barrio como lapa, polo nocturno de todas las tribus humanas, los espíritus y las fuerzas se manifiestan apenas se las invita al baile. una noche de estreno polémica, sorprendente y, para mí, inolvidable. me inmolé en la mola y salí con vida, con más vida que antes.

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